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La Coctelera

N O T A S de M E R C U R I O

27 Julio 2006

Un segundo para pensar en el fin

El fin, dirían esos que se hicieron para escribirle diatribas a la vida, es haber nacido. No el fin como objetivo, como meta, sino como desastre, como fracaso. Error inmenso y obstinado. Nacer, vivir...Vaya mierda, dicen muchos.

¿Por qué no se matan si tanto odian la vida? No, no es tan sencillo. Bueno, les da miedo. ¿A quién no?

Hoy pensé. Ah, eso de pensar ya no me suena. Hoy me distraje-así es mejor- para contemplar mi fin. Con dedicación, instituyendo un ritual, un nuevo ritual que espero pueda continuar hasta el fin.

Arrebaté los ojos que ya sólo me sirven para ver manchas, ideas que se derrumban antes de pronunciarlas, y mentiras, mentiritas tiernas. Son manchas de vómito, como manchas sobre el calzoncito del niño que apenas domina el esfínter. Eso veo, nada más. Una mancha, un pedacito de excremento me habla, luego, otro me dice algo menos interesante que lo que me dijo el anterior. Y lo más triste es que siempre las manchitas de mierda se están imitando. Pésimos imitadores. Pésimas manchitas.
Bien, decía que aparté mis ojos con un movimiento delicado, de esos movimientos afeminados que se me ven mal porque no soy en realidad afeminado, ni maricón. Ojalá lo fuera, pero no.

Al vacío, a las montañas que ya no me gustan, allá llevé mis ojos, arrojándolos por la ventana para ver el fin que siempre ha estado ahí. Sólo que ya me preocupo, estoy engordando y la cara se me está ennegreciendo. No, nada racista, es sólo que parece sucia, y cuando intento limpiarla, peor, agudizo el desastre: la maltrato y la dejo como la cara d eun indigente golpeado por jovencitos millonarios, sólo por diversión. Vaya mierda esto, me preocupo por mi cuerpo, más que por mi alma. El alma es como un pedo atrapado, que presiona el miocardio hasta que un día todo estalla.

Lois ojos hacia el fin. En la montaña inalcanzable, algo explota.Desde aquí es una destello insignificante. Es la guerra, o es el pedo de un hombre, el alma que le ha estallado.
Sufuciente, no hay descanso. Los ojos vuelven a donde deben estar, hasta el fin. Ya entiendo la gracia: se trata de arruinar la belleza. Mira qué ojos tan útiles, mira el cuerpo humano, ah, maravilloso. Malgastado, echado a perder.
Soy un buen representante de la ruina. Menos de tres décadas y ya no sirvo para nada. Estar así de joven en estas condiciones es no servir para nada, es ser una manchita más.

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